Haidar continuaba lidiando con repentinos y extraños dolores de cabeza, convencido de que eran simplemente el resultado del estrés generado por su trabajo y su complicada situación personal. A pesar de que su amigo Jamal le recomendó visitar a un médico, él desestimó la idea, convencido de que no era algo lo suficientemente grave como para buscar ayuda profesional. Aseguró a su amigo que lo haría, pero siempre se encontraba demasiado ocupado con las múltiples tareas que debía atender, creyendo