Brenda mientras estaba engullendo no podía dejar de sentirse nerviosa; la atención del árabe quién la miraba a cada rato, hacía que comer se volviera una labor complicada.
Haidar se aclaró la garganta.
—¿Qué te parece la comida?
Al escuchar su profunda y varonil voz, dirigió la atención al hombre y se quedó en silencio unos segundos.
—Me gusta, gracias.
—Kabsa, así se llama —explicó.
Ella asintió.
—No lo había comido antes —confesó disfrutando un platillo de diferentes sabores.
—Lo supu