Esa noche, Madelaine se acurrucó al lado de Jamal en la cama. Aunque su cuerpo estaba agotado, su mente seguía activa, llena de pensamientos que no la dejaban descansar. Se sentía un poco culpable por haber ignorado las insistencias de Jamal durante la mañana, especialmente cuando él solo estaba preocupado por su bienestar. Pero la tristeza la había consumido tanto que simplemente no tenía apetito ni fuerzas para discutir.
Madelaine suspiró profundamente antes de romper el silencio.
—Jamal, lo