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No hacía falta buscarla demasiado, porque él ya sabía en dónde estaba.

Estar en la pileta del dragón era algo que Elisa acostumbraba hacer desde que conoció dicho lugar, luego de llorar ríos por estar cautiva, herida, hambrienta y sola.

Aquel fue su primer logro en esa mafia, luego vino él y Andrei.

Igor se quedó por unos segundos mirándola perdida en el agua jugando con una de sus manos, e inmediatamente olvidó el porqué había llegado casi corriendo hasta ese patio.

Elisa no parecía sentir
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