Andrei la miró fijamente mientras su respiración se aceleraba. Elisa se estremecía con cada roce de sus dedos y sentía cómo el deseo entre ambos crecía de manera abrumadora.
—No tienes idea de cuánto te he deseado —murmuró Andrei con voz ronca, sus ojos ardiendo mientras la observaba tendida bajo él, completamente vulnerable.
Elisa tragó saliva, con las mejillas encendidas y el corazón latiendo con fuerza.
Su mente era un torbellino, pero solo podía centrarse en el peso del cuerpo de Andrei,