Andrei lo observó desaparecer entre la multitud, mientras apretaba a Elisa contra su pecho.
—Él no es malo —murmuró Elisa, apoyando la cabeza en su hombro mientras la música cambiaba a un tono más suave.
—Lo sé. Pero no lo perderé de vista —dijo con determinación—. No puedo permitirme hacerlo.
Bailaron en silencio por un momento, el mundo alrededor de ellos se desvanecía, como si solo existieran ellos dos. Elisa alzó la mirada y vio la seriedad en los ojos de Andrei.
A veces era como si llevar