Igor bajó sus ojos hacia sus rodillas de nuevo y sonrió.
Una esposa y un hijo, claro que había sido un sueño porque una familia no se le había pasado jamás por la cabeza.
Él era de otro mundo, no del común y corriente como el resto de la gente. Pero desde que había conocido el otro lado de la vida, deseaba en sus sueños poder tener la libertad de sentir como el resto del mundo.
—Aprovecharé que Andrei no está para usar su laptop —habló como una niña queriendo hacer una travesura, entusiasmada