Elisa estaba cansada, despertó con un dolor muy grande de cabeza porque había llorado toda la noche sin parar.
El pensar en que Andrei pudiera estar vivo era una auto tortura completamente opuesta a la realidad. La chica tenía miedo de encontrar consuelo en esas noticias y que su corazón se volviera a destrozar al volver a la realidad.
Se levantó de la cama con nulas ganas de ir a la universidad, pero tenía que ir, así que se alistó.
—Buenos días, hija —dijo su madre cuando la vio bajar por la