Varios hombres agitados llamaron la atención del jefe, que salía enojado de los arbustos del jardín, luego de que Anna insistiera en recordar viejos tiempos, cuando tenían sexo en cualquier lugar descabellado.
Pero esa vez… simplemente no pudo.
A pesar de que sus caricias lograban calentarlo y que sentía su erección irse despertando, sólo tenía a la castaña en su mente y alma.
Luego de besarla con desesperación durante varios minutos y que ella intentara hacerle un oral, la había apartado de m