—Gracias… —no sabía cómo llamarlo, no recordaba si es que en el pasado él le había dicho su nombre.
—Arnold.
—Arnold —respondió ella entonces con una sonrisa—. Saldré un momento, necesito aire —se excusó.
—Adelante.
La castaña le hizo una pequeña reverencia, porque tampoco estaba demasiado acostumbrada a tratar con formalidades en esa cultura.
Deseaba estar afuera para saber si podía ver a Igor y hablar sobre lo de la tarde, pero prontamente recordó que era sábado y probablemente lo vería en un