Idiota Andrei, era un idiota y no merecía su amor, sus lágrimas ni su tristeza.
Él merecía a una prostituta que quisiera su dinero y su sexo, nada más, no que una chica como ella le brindara su amor puro y sincero.
—Bien… —se incorporó y se bajó de Andrei y él frunció el ceño, sorprendiéndose de su propia reacción, en realidad no quería que se bajara—. No estás haciendo bien tu trabajo, te dije que para volver a entrar en mis bragas ibas a tener que mentirme, pero sigues siendo un insensible…