La dueña del restaurante, y quien también conocía al mafioso, se le acercó.
—¿Está todo bien, señor Borisov?
Andrei levantó su mirada hacia esa señora, sintiéndose culpable por haber inquietado ese lugar que siempre era tan tranquilo, y asintió como respuesta a su pregunta.
—Disculpe mi indiscreción, señora Novikova. Dígale a quienes perturbé que pagaré sus cenas como compensación ante mi impertinencia.
La señora asintió junto con una reverencia y se dirigió hacia sus clientes.
Andrei miró hac