Hacía tiempo que Andrei no tenía un baño delicioso en su gran bañera, aquella que adoraba, pero que hace tiempo no usaba por falta de tiempo libre.
El agua caliente abrigaba su cuerpo y relajaba sus ya relajados músculos, sus ojos estaban cerrados y dispuestos a regalarle una nada oscura para mantener su mente en blanco.
Estaba relajado y sus labios estaban unidos en una línea, jugando con sus dedos en los bordes.
Elisa, al despertar, se vio enredada en unas suaves sábanas de color blanco, ab