Elisa iba en el asiento del copiloto, mirando las imágenes a través de la ventana pasando fugaces frente a sus ojos y quedando atrás, para darle paso a otras nuevas.
Así podría definir lo que había tenido que vivir la gente de su club luego de esa fatídica noche, detestándola porque era algo que no se iba, incluso cuando Andrei había decidido dejarlo atrás.
Sus ojos hace rato habían dejado de arrojar lágrimas, simplemente se limitaba a jugar con sus dedos sin mirarlos, sintiendo la viscosidad