—Quiero un tequila margarita, por favor —respondió la castaña sin demora, hace días que deseaba uno y ahora tenía una excelente oportunidad.
Arnold sonrió y llamó a una camarera.
Elisa la miró con desdén pensando que era una ofrecida, se le veía todo y su falda era enfermamente corta. ¿Para qué se la ponía, si al final iba a mostrar su tanga de todas maneras?
Se avergonzó de sí misma en cuanto notó lo que hacía, a ella le pedían vestirse así. Pero dejó de sentirse culpable en cuanto notó que