Ya de noche, Andrei bebía de su vaso con whisky entretenido manteniendo una conversación con Arnold, el líder de un clan amigo. Ambos, junto con Kirill, se conocían desde los diez años.
No era demasiado cercano a él como lo era del fallecido peli negro, pero se llevaban bien y tenían historias y pasadas en común. Estaban en el club favorito de Kirill, recordándolo con gracia y distrayéndose de vez en cuando con un nuevo baile.
Andrei tenía razón, aquel club no era el hermano del cementerio de