Cuando abrió sus ojos miró a Igor, quien la miraba con una sonrisa entretenida.
—Tu admirable líder es un idiota —comentó, volviendo a beber.
—Y tú vas muy rápido —le quitó la copa para dejarla sobre la barra. Ella frunció el ceño—. No vas a poder bailar si estás borracha.
—¡Ay, Igor! —protestó—. Con una copa no me voy a emborrachar, con tres quizá… —prestó más atención a lo que el rubio le dijo, agudizando la mirada mientras jugaba con el cuerpo de la copa—. ¿Tú también quieres que baile como