El amanecer en la manada Luna Negra no trajo luz, sino un frío grisáceo que se filtraba por las asperezas del salón del consejo. Blair fue conducida encadenada de pies y manos. Su piel estaba pálida, casi translúcida por el ayuno y el frío de la celda, pero mantenía la espalda recta, una última chispa de orgullo Alfa que se negaba a morir.
Nix presidía el tribunal desde su trono de piedra, flanqueado por los tres ancianos. A un lado, Kael permanecía con la pierna vendada y una expresión de víct