Hespéride se encontraba en la ciudadela cuando lo sintió. El aire alrededor de ella se tensó, como si la realidad misma hubiera detenido su pulso. En medio de la conversación con Lady Neryanne, su respiración se cortó y sus ojos púrpuras parpadearon con desconcierto. Una sensación gélida y ardiente al mismo tiempo atravesó su pecho, como si algo arrancado hacía años estuviera intentando volver.
Se llevó la mano al corazón, cerrando los dedos sobre el vestido oscuro que llevaba. La otra mujer la