El día del cumpleaños número veinticinco de Horus amaneció con un bullicio inusual en la ciudadela. Desde mucho antes de que el sol terminara de asomar entre las montañas, la plaza central ya estaba llena de movimiento. Los vendedores improvisaban puestos con telas coloridas; unos ofrecían frutas en grandes canastos, otros panecillos recién horneados cuya fragancia cálida atraía a los niños como abejas a la miel. Los artesanos mostraban orgullosos sus creaciones: brazaletes de cobre, collares d