Horus apretó los dientes con tanta fuerza que sintió el crujido en su propia mandíbula, la tensión de un poder que ya comenzaba a fallarle, pero aun así se obligó a reunir la concentración suficiente. El aire vibró a su alrededor, sus pupilas se tornaron en los doce colores, y la realidad se dobló como una lámina húmeda. El mundo dio un tirón hacia atrás, como si hubiese sido halado por un hilo invisible. La sangre desapareció de la tierra, los cuerpos cambiaron de posición, las voces retrocedi