Capítulo 31. Bragas rotas.
Juliette Moreau
Aston Myers se me queda mirando fijamente.
Quiero descifrar su mirada, pero es tan cerrado, que no logro descubrir lo que hay en su cabeza justo ahora.
—No me gustan las mentiras, Medusa… —su tono pretende ser duro, pero es bajo, gutural y me muestra que él ya ha perdido la batalla con tan solo eso.
—Puedo decir lo mismo, pero aquí estamos, en medio de una encrucijada. Sabes que puedo pedir que no vengas más a mi casa y debes aceptarlo, pero puedo dejar la puerta abierta para ti siempre y cuando me concedas lo que deseo…
—¿Y qué deseas exactamente? —me interrumpe, y cierra la distancia entre nosotros, envolviéndome en una burbuja de su aroma. A estas alturas, solo tengo grabado el olor de su perfume, porque ya no queda rastro del mío.
—Ya te dije lo que quiero. A mí tampoco me gusta repetir las cosas dos veces, Aston —levanto la barbilla para mirarlo a la cara. A esta distancia debo esforzarme para verlo a los ojos, porque es mucho más alto que yo—. Te dije que las