—Está bien —respondió ella, su voz más suave de lo que cualquiera en la sala la había escuchado en mucho tiempo—. Todo está bien.
La escena era casi idílica, como si el tiempo se hubiera detenido por un momento en el que solo existían ellos dos y el bebé que esperaban. Oscar y Malcolm, quienes estaban presentes en la sala, se quedaron en silencio, observando esa muestra de afecto tan natural entre Héctor y Katherine. Ambos intercambiaron miradas, pero ninguno se atrevió a interrumpir el momento