—Perfecto —respondió ella sin emoción.
Sofía se quedó de pie, inmóvil, sin mostrar ningún indicio de duda o arrepentimiento. Para ella, esta decisión era solo una parte más de su vida calculada, una pieza del tablero que estaba dispuesta a eliminar para mantener el control. Nadie debía enterarse, ni Anthony, ni James. Mucho menos debía involucrarse un hijo que complicara los planes que había forjado con tanto cuidado.
El doctor levantó la vista de sus papeles y dijo:
—Es un procedimiento sencil