Ella se quedó junto a su auto, aún sintiendo el dolor del legrado reciente, pero lo que más le dolía ahora no era físico. Mientras intentaba ordenar sus pensamientos, Richard Ross se acercó más, su imponente figura proyectando una sombra que parecía oscurecer su futuro inmediato.
—Debo admitir, Sofía —comenzó Richard con una voz profunda y calculada—, que eres una mujer paciente. Has sabido esperar tus oportunidades de una forma que pocas personas pueden. Y aunque siempre quise que Katherine fu