Héctor, por su parte, se mantenía firme. A pesar de la frialdad inicial, algo en la forma en que se miraban sugería que se conocían más de lo que dejaban ver. Era una familiaridad incómoda, como si ambos estuvieran al tanto de algo que aún no habían mencionado en voz alta.
—James —dijo Héctor con voz controlada, inclinando ligeramente la cabeza como saludo.
—Héctor —respondió James, su tono igual de gélido—. Veo que has decidido finalmente mostrarte por aquí. ¿Qué te trae a la mansión Ross?
Héc