33. CRUEL CASUALIDAD
Avril.
Llamaba a mi prima Keila una y otra vez. Habíamos quedado en almorzar juntas y hablar sobre los avances de la empresa, pero ella había tardado demasiado. Y eso… no era normal en Keila. Sí, podía ser despistada, pero nunca irresponsable. Llevaba más de una hora esperándola cuando estaba a punto de levantarme de la mesa. Justo en ese momento, mi teléfono sonó vi que era mi tío.
Contesté y antes de poder decir algo, escuché que estaba sollozando.
—¿Qué sucede, tío? —pregunté con el corazón