39. ESTABA ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
Avril
Mi corazón latía desbocado. Tenía miedo de que Sebastián le hiciera daño a mi hijo; por esa razón tenía que hacer lo que me había pedido.
Al llegar a mi destino, oré en silencio y le rogué a Dios que me ayudara a soportar todo lo que iba a suceder de ahora en adelante. No entendía qué planeaba, pero me enfurecía que utilizara a mi hijo para sus maldades.
Al ver a Sebastián venir junto al niño, se me formó un nudo en la garganta. Él pequeño corrió hacia mí. Me abrazó con fuerza y yo lo e