37. JUEGO GANADO
Avril
No podía parar de reír a carcajadas después de enterarme de la noticia. Varios accionistas e inversores que trabajaban para mi padre —y que apoyaron el hotel por la admiración y el respeto que le tenían como el gran hombre que fue— se habían retirado. Dandole las espaldas al imbécil de Sebastián, él no paraba llamarme, pero no respondí ninguna. Sabía perfectamente la furia en la que debía estar en ese preciso momento, y no pensaba darle el gusto de verme afectada después de haberse metido