Capítulo 11. Un aliado.
El despacho de Ethan Harrison en el piso cincuenta era un santuario de cristal y acero que parecía flotar sobre el caos de la ciudad de Nevada.
Chloe se sentía pequeña sentada frente al inmenso escritorio, pero su espalda permanecía recta, sostenida por una voluntad de hierro que se negaba a romperse.
Ethan, por su parte, no se había sentado. Caminaba de un lado a otro con la elegancia de un cabellero poderoso, observando los documentos que ella había traído.
—Estás agotada, Chloe —dijo él, deteniéndose para mirarla. Sus ojos grises eran dos antorchas encendidas—. Puedo ver el cansancio en la forma en que sostienes tus manos. Has pasado noches sin dormir y días huyendo de un hombre que no te merece.
—No importa cómo me sienta —respondió ella sin titubear —. Lo único que importa es que Julian no gane. Lo que él le está haciendo a la memoria de mi padre es imperdonable.
Ethan asintió lentamente y se sentó frente a ella. Cruzó las piernas, apoyando los brazos sobre el escritorio, y fue d