Capítulo 10. La Herencia.
Al siguiente día fue a la mansión y se topó con Julián quien con una seña hostil la indujo a que entrara en su oficina.
La oficina de Julian en la casa siempre había sido un lugar que Chloe respetaba, pero hoy se sentía como una celda de interrogatorio.
El sol de la tarde se filtraba por las persianas, creando barras de luz sobre el escritorio de roble que alguna vez perteneció al padre de Chloe.
Era una ironía cruel: Julian estaba sentado en la silla de su mentor, el hombre que le había dado todo, planeando cómo despojar a su hija de su herencia.
—Firma de una vez, Chloe. No lo hagas más difícil de lo que ya es —dijo Julian con una voz monótona, deslizando un fajo de documentos sobre la superficie pulida—. Es un acuerdo de cesión de acciones. Te dejaré la casa de la playa y una pensión mensual generosa. A cambio, tú transfieres tu participación en Miller & Co., a mi nombre.
Chloe miró los papeles con un desprecio que no intentó ocultar.
—¿Generosa? Julian, esta empresa existe porque