Valeria no pudo evitar que una oleada de sorpresa la recorriera ante las palabras de Leónid. Una especie de mareo, sutil pero invasivo, se apoderó de ella al observar la determinación en el rostro de su esposo. Incluso notó una leve sonrisa, una de esas muecas propias de su personalidad intransigente y posesiva, asomando en sus labios. En ese instante, Valeria lo comprendió todo: Leónid no estaba buscando una reunión familiar por amor; lo hacía por venganza. Quería torturar a Irina, castigarla