El helicóptero descendió con un rugido ensordecedor, en un claro a las afueras de la propiedad en Westchester. El aire de la tarde se sentía pesado, cargado con la humedad de una tormenta que amenazaba con estallar considerando la oscuridad en el cielo. Leonid Volkov bajó primero, con su abrigo largo ondeando y una expresión que habría asustado al hombre más valiente. No llevaba armas; nunca las portaba. Para Leonid, el acero y el plomo eran herramientas para aquellos que no tenían el poder suf