— ¿En este momento?
—No. Desde que conoces la verdad sobre Gabriel.
—Siento que eres responsable de la muerte de Marina.
Él hizo un gesto incómodo, bebió un sorbo de coñac y le dijo con suavidad, pero con firmeza.
—Me echas en cara un crimen terrible para el resto de mis días. ¡Diantres Sofía soy humano! Dios sabe que desearía deshacer lo que sucedió, pero como no puedo, permíteme reparar mi error en el hijo que nunca creí tener.
— ¿A qué te refieres?
—Te lo explicaré —se reclinó en el asi