Pero ese sueño se convertía en pesadilla, cuando se veía obligada a tratar con Mateo. No era tonta, él solo quería llevársela a la cama, pero se dio el gusto de ver cómo en verdad le reconoció su talento.
De repente el timbre sonó, interrumpiéndole sus pensamientos. Frunció el entrecejo. ¿Quién podría ser a esta hora?
Abrió la puerta y se quedó paralizada mirando los ojos de Vicente Rivas. El corazón se le aceleró. Tomándola por sorpresa y sin esperar a ser invitado, él entró con decisión en su