—Bueno, te duele la cabeza cuando tienes demasiado trabajo —dijo Elba al caminar hacia su escritorio.
—Es el café —dije al ponerme de pie—. Traigo el corazón acelerado y… —gruñó y cerró sus ojos, tan fuerte como pudo— ¡Diantres! ¡¿Cómo puede alguien seguir vivo tras tomar café negro sin azúcar todos los días?!
—Te sorprendería a lo que la gente se puede acostumbrar —dijo Elba, luego lo miró con el ceño fruncido y le preguntó—. ¿Te ocurre algo Vicente?
—Estoy bien.
—Voy por tu vaso de agua—