Vicente entró al vestíbulo del edificio residencial donde vivía Amelia. El recepcionista lo reconoció y sonrío al verlo.
—¡Bienvenido, señor Rivas! —dijo— ¿Viene con la señorita Sarmiento?
—¿Se encuentra? —preguntó, mirando hacia los elevadores. Y Notó el par de escoltas que se levantaron del sillón junto a ellos—. Olvídelo, ya vi a su equipo de seguridad.
Caminó hacia los elevadores, y ambos escoltas se detuvieron frente a él, impidiéndole el paso.
—Héctor —saludó a uno, luego miré al otro,