—Ya he llamado al médico.
—Marta, eres un ángel. Tranquilízate, mi amor —Sofía acunó al niño, mientras su inquilina iba a preparar té de manzanilla. Por fin, Gabriel se calmó lo suficiente como para dormitar sobre su hombro y permitirle sentarse—. Creo que puedo arreglármelas sola —le dijo a su amiga—. Ve con Vanesa.
—Está bien —inspeccionó la carita de Gabriel—. Tiene mucha fiebre. Me pregunto qué enfermedad será.
—Algo que lleva incubando desde hace una semana. Lleva unos días sin dormir bi