Amelia se encontraba acostada en su diván, envuelta una bata de seda, colocándose una compresa fría con el ojo hinchado. Imaginándose la mil y una forma de asesinar a Sofía. Cuando escuchó las llaves en la puerta, y el sonido al azotarla.
Antonio Rivas entró hecho una furia y comenzó a caminar dando vueltas por la sala de estar.
—¡Cómo es posible que me haya humillado de esa manera! ¡Te lo juro que me las va a pagar!... ¡A ti por lo menos te devolvió tu anterior puesto! ¡Cómo es posible que me