—Tranquilo, ricachón —dijo la voz detrás de él.
Vicente miró a Sofía que hizo un intento de abrir la puerta, y él movió cabeza de lado a lado, rogándole con la mirada que no saliera del auto.
Dos hombres pasaron a su lado. Vicente no los conocía, pero por su apariencia eran unos delincuentes. Así que trató de aparentar serenidad y les dijo.
—Con calma, caballeros… —dijo, alzando sus manos abiertas.
Uno de los delincuentes se río y les dijo a los demás.
—¡Escucharon el ricachón, nos llamó c