El Imperia era el único hotel de cinco estrellas de Puerto Cabello y Sofía se bajó del coche bastante tensa. Para su tranquilidad, Vicente Rivas salió a recibirla; estaba muy atractivo, vestido con un traje de etiqueta. Le cogió la mano y la contempló con una admiración sin rastros de la indiferencia que con frecuencia aparecía en sus ojos.
—¡Guau! Buenas noches, Sofía. Estás preciosa, ese vestido te luce espectacular.
—Gracias —su confianza subió varios grados—. ¿Han llegado ya los otros?
—N