—Está muy ocupada —afirmó una voz familiar cuando terminó de sellar la última de las cartas de Ernesto. Su corazón dio un salto inesperado y le tomó cierto tiempo sonreír para darle la bienvenida a Vicente, que estaba apoyado en la puerta.
—Buenas tardes, señor Rivas. No lo esperaba hasta mañana.
Sofía se sintió indefensa ante el placer que experimentó al ver a su jefe.
—He terminado de arreglar mis asuntos antes de lo que había calculado —la miró fijamente—. Confío en que mi hermano no la h