— ¿Es esto todo lo que tienes que decir? —Preguntó Ernesto, sonriéndole a Sofía—. Después de esa carrera de mecanografía impecable, lo menos que puedes hacer es ofrecerle a esta pobre esclava una buena comida.
La pobre esclava le lanzó una mirada hostil al intruso.
—No será necesario, señor Rivas. Ya he quedado para comer.
—No me sorprende —contestó Ernesto Rivas, contemplando su hermoso rostro—. Espero que ese afortunado la haya esperado.
Vicente Rivas le lanzó una mirada resentida a Sofía,