Todo es negociable.
El trayecto de regreso en el auto de Alexander fue una extraña mezcla de sensaciones. Para Kateryn, el ambiente se sentía agradable pero a la vez asfixiante.
La cortesía de Alexander y el aroma a la frescura de su perfume eran un respiro, pero la ansiedad le oprimía el pecho; sabía que, al cruzar el umbral de su casa, el vestido verde y la elegancia de la fiesta quedarían atrás para enfrentarse a la cruda realidad de su padre.
Necesitaba respuestas, una explicación lógica de por qué estaba a