Salvación o sentencia.
Marcos y Elena salieron de la sala de diseño, no sin antes lanzar una última mirada de profunda desaprobación hacia su jefe. En cuanto el eco del clic de la puerta selló su privacidad, el aire en la habitación pareció volverse denso y pesado.
—¿Alexander? ¿De verdad vas a seguir con esa farsa? —soltó Sebastián de inmediato, atrapándola con una mirada que destilaba una furia posesiva—. Ayer te salvaste gracias a Sara, pero los dos sabemos que estás jugando con él. Y lo peor... lo peor es que d