Bendecida por el creador.
El sonido de los tacones de Valeria Santoro resonó en el pasillo exterior apenas unos segundos después de que Kateryn cruzara la puerta de la sala de diseño. Sebastián se quedó inmóvil en el centro de la oficina, forzando a sus pulmones a recuperar un ritmo normal. Tenía que enterrar la euforia de haber conseguido, finalmente, una grieta en la armadura de Kateryn.
«Debo pensarlo». Esas dos palabras seguían flotando en el aire pesado de la habitación, quemándole el orgullo a la vez que aliment