La primera corona.
El salón principal del Savoy resplandecía bajo la luz de mil cristales, pero para Sebastián, todo se volvió borroso en el momento en que ella cruzó el umbral.
Kateryn entró luciendo el vestido azul medianoche, y el aire pareció abandonar los pulmones de Sebastián. La seda se ceñía a su cuerpo como una caricia líquida, y el color realzaba la palidez de sus hombros y la chispa gélida de sus ojos.
Sebastián, que sostenía una copa de champán junto a Valeria, se quedó estático. Por un segundo, ol