Doble cita.
—Y bien, entonces... ¿vamos por ese café? —preguntó Alexander, con una sonrisa que lograba disipar parte del cansancio de Kateryn.
Ella miró el reloj en su pulsera. Todavía tenía tiempo antes de su cita con el señor Collins, y la idea de volver a casa para enfrentarse a las exigencias de su padre la agotaba más que cualquier jornada laboral.
Miró a Alexander, quien la esperaba con una paciencia infinita, y sintió una punzada de culpa. Era la segunda vez que la invitaba y, tras el despliegue