A un paso de la tentación.
El viaje hacia el Golfo Pérsico se transformó en una auténtica tortura psicológica a diez mil metros de altura. Kateryn mantuvo la vista fija en la ventanilla todo lo que pudo, pero le resultó imposible abstraerse de las constantes y esmeradas atenciones que Alexander le brindaba. El trayecto se sintió eterno, suspendido entre las ocurrencias de Alexander, quien con su caballerosidad innata no dejaba de hacerla sonreír y de contemplarla con una devoción absoluta. Sin embargo, era la mirada depr