POV: Seraphina
La terraza superior de la Ópera de Dubái flotaba sobre la ciudad como una balsa de oro en un mar de oscuridad. La vista del Burj Khalifa iluminado era un recordatorio constante de quién mandaba en la ciudad, pero esta noche, el aire no olía a éxito. Olía a Dom Pérignon, a humedad del Golfo y a la codicia desesperada de hombres que quieren ser más ricos de lo que Dios permite.
Seraphina Benedetti cruzó las puertas de cristal.
No caminaba; se deslizaba. Llevaba un vestido de seda roja cortado al bies, con una espalda descubierta que bajaba peligrosamente hasta la cintura. En un mar de esmóquines negros y vestidos de cóctel prudentes, ella era una herida abierta. Una señal de peligro. Una bandera de guerra.
No tenía invitación oficial. Pero cuando eres la dueña de la cadena de hoteles más exclusiva de Italia y llegas del brazo de un socio menor de Nikolai Volkov, los guardias de seguridad no te piden el código QR. Te abren la puerta y te desean buenas noches.
Sera tomó una